Museo de Etnografía de Ankara
La historia del Museo de Etnografía de Ankara comienza por orden directa de Mustafa Kemal Atatürk. Tras la Guerra de Independencia, el nuevo estado recién establecido necesitaba un espacio donde exhibir sus raíces y la cultura popular con rigor científico. El edificio, diseñado por el arquitecto Arif Hikmet Koyunoğlu, fue construido entre 1925 y 1928.
El estilo arquitectónico del edificio es uno de los ejemplos más puros del "Primer Movimiento de Arquitectura Nacional". Las escaleras de mármol de la entrada, las columnas gigantescas y la elegante cúpula sobre el edificio transmiten tanto la solemnidad de un palacio como la calidez de un hogar popular. La estatua ecuestre de Atatürk situada frente al museo, realizada por el famoso escultor italiano Pietro Canonica, completa la impronta del museo en el perfil de Ankara.
Quince años de hospitalidad: La tumba temporal de Atatürk
Lo que hace indispensable al Museo de Etnografía para la nación turca no es solo su colección; este lugar es también un espacio de profundo dolor y lealtad. Los restos de Mustafa Kemal Atatürk, quien falleció el 10 de noviembre de 1938, se conservaron en la sala interior de este museo durante 15 años completos, de 1938 a 1953, hasta la construcción del Anıtkabir.
Hoy en día, en el amplio espacio a la entrada del museo, hay una inscripción de mármol que simboliza el lugar donde permaneció el cuerpo de Atatürk durante 15 años. Al recorrer esta sección, se siente que las paredes del museo no solo respiran arte, sino también la añoranza que una nación siente por su fundador. Esta "hospitalidad temporal" de quince años aporta al museo un valor espiritual imposible de encontrar en ninguna otra institución.
La poesía de la madera: Maestría selyúcida u otomana
Al entrar al museo, una de las secciones más deslumbrantes que le da la bienvenida alberga las obras maestras de la ebanistería turca. Aquí se exhiben las piezas más valiosas que han perdurado desde el período selyúcida de Anatolia hasta nuestros días.
En particular, el minbar de la Gran Mezquita de Siirt es uno de los mejores ejemplos del mundo de la compleja y fascinante técnica del kündekâri (ensamblaje de madera sin clavos) del siglo XII. Decorado con versículos e intrincados motivos geométricos tallados con paciencia, este minbar demuestra la fuerza de las artes turcas en los detalles. Asimismo, el trono del sultán selyúcida Ghiyas al-Din Kaykhusraw III, con sus finas tallas que simulan madera petrificada como el mármol, es un reflejo primordial de la estética imperial en Anatolia. Estas obras son testigos silenciosos pero dignos de cómo los turcos construyeron una gran civilización no solo en los campos de batalla, sino también en los talleres y telares.
Anatolia nudo a nudo: Tejidos y vestimentas
A medida que avanza por los pasillos del museo, se adentra en el famoso mundo de los tejidos en los que la mujer anatólica plasmó sus sueños, tristezas y alegrías. La colección de alfombras y kilims reunida de todos los rincones de Turquía es casi una biblioteca de color. Cada motivo en las alfombras de Uşak, Gördes, Pérgamo y Milas habla un lenguaje propio; a veces un motivo "eli belinde" (manos en las caderas) representa la abundancia, mientras que un "árbol de la vida" representa la eternidad.
En la sección de indumentaria se ofrece una amplia gama que va desde los ostentosos y pesados trajes palaciegos del período otomano hasta los "bindallı" y "üçetek" tradicionales de Anatolia. Cada hilo de plata en el vestido de terciopelo suntuosamente bordado que vistió una novia en la mañana de su boda es un testimonio de la vida social y la estética de la época. La colección donada por Besim Atalay demuestra que el pueblo turco nunca se desvinculó del arte, ni siquiera en su vida cotidiana.
Fe y arte: Caligrafía, cerámica y orfebrería
El Museo de Etnografía también dedica un amplio espacio a la caligrafía árabe (hat), una de las disciplinas más elegantes del arte turco-islámico. Esos delicados papeles donde las plumas de caña se encuentran con la tinta de hollín representan no solo textos religiosos, sino también una disciplina estética. Los manuscritos del Corán y los certificados de maestría (ijazah) conservados en el museo demuestran la elegancia con la que registraban sus obras la burocracia y el mundo del conocimiento otomano.
Además, en las distintas salas del museo destacan hermosos ejemplos del arte de la orfebrería turca, como cinturones de plata, incensarios, calderos de cobre y armas decoradas. Los azulejos del período selyúcida nos recuerdan por qué el célebre color turquesa resulta imprescindible en el arte turco. El brillo del esmalte en las cerámicas de Kütahya e İznik conserva su vitalidad original a pesar del paso de los siglos.
¿Por qué visitarlo?
Visitar el Museo de Etnografía de Ankara no es solo contemplar obras como un extraño, sino abrir el baúl en el desván de su propia casa. Este lugar es:
- Es el espejo de la identidad nacional: Aquí es donde se observa con mayor claridad cómo las tradiciones traídas por los turcos desde Asia Central alcanzaron una síntesis en la tierra de Anatolia.
- Es el primer paso de la República: Es el primer monumento tangible del valor que la Turquía moderna otorgó al arte y a la cultura. En este sentido, la institución representa uno de los puntos clave de la museología turca.
- Es un espacio de paz y estética: Lejos del ruido de la ciudad, encontrará paz con la calidez de la madera en un ambiente silencioso y solemne.
Hoy en día, el museo continúa recibiendo a sus visitantes con minuciosas restauraciones y modernas técnicas de exhibición. Este edificio, que saluda al Castillo de Ankara especialmente con su iluminación nocturna, es uno de los diamantes más valiosos de la corona cultural de la capital.





